Cosas que dan lata…

Últimamente me he sentido decepcionada… De algunas personas, de situaciones, de instituciones… de varias cosas en general.

Y es quizá esta visión un poco fatalista y melancólica que me hace querer escribir esto, porque me gustaría hacer una pequeña tipología de las cosas que me han hecho sentir así:

EL SILENCIO (…) : Es ese momento en el que la situación es precisamente esos puntos suspensivos entre dos paréntesis: no se sabe nada. Es incierto, uno no tiene explicaciones sobre nada, la situación no avanza ni para bien ni para mal, es la peor cosa que puede ocurrir. Es cuando tu deseas que ese alguien te diga que te odia, que no te quiere, o que simplemente te diga QUE CHUCHA PASA… porque por lo menos así uno puede sentirse mal con razón y la sufre para después seguir… Pero no, ese momento es un terreno demasiado fértil para los pasados de rollo que imaginan siempre lo peor y quizá no es así. La solución más fácil es HABLAR, DECIR LO QUE SE SIENTE… Lección que personalmente debo decir, me falta aprender, pero considerando lo terrible que me he sentido frente a este tipo de situaciones, y que uno aprende de las cosas que le causan dolor más que de las positivas… No voy a olvidar practicar.

SABER DEMASIADO SOBRE ALGO: Cuando ves que ocurre algo que NO DEBERÍA OCURRIR, porque tu manejas información que al parecer el resto no. Generalmente esta sensación se manifiesta en situaciones como cuando uno conoce personas que le ocurren cosas buenas, pero a juzgar por como habla de los demás, uno cree que no las merece. No está tan asociado a la envidia, sino más bien a lo que objetivamente uno ve. Me ha tocado estar en esta situación como la persona que maneja la información, y si bien yo no soy una blanca paloma que hace sólo cosas buenas, creo que hay cosas que resultan injustas. No puede uno solucionar una situación así, más bien yo creo que, si usted cree en Dios, el Karma, las energías, la naturaleza o incluso una piedra… supongo que también cree que ese ser superior es muy sabio y probablemente hará que tarde o temprano todo logre su equilibrio, la información salga a la luz y cada quien tenga lo que merezca.

TODO VA MAL: Si, yo que siempre he querido cambiar el mundo (Claramente no inventar la rueda ni curar el cáncer, pero al menos hacer algo), me pasa que a veces veo todo negativo que dudo de querer hacer algo asi, pero esta vez, ese sentimiento se refuerza con cada cosa negativa que ha pasado a mi alrrededor: Mujeres que mueren a mano de sus maridos, las personas no logran una capacidad de diálogo, sino de discusiones que asemejan más una sacada de madre que debatir por ideas, la POCA TOLERANCIA, tanto a nivel religioso, político, social, etc… Y es precisamente esto último lo que más me apena y asusta. No logro entender que alguien no sea capaz de tolerar una opinión distinta. Recuerdo que con el tiempo fui aprendiendo que tal como yo tengo derecho a decir que soy católica y que no adscribo a ningún partido político, existe el MISMO GRADO de libertad para las personas de no querer decir si tienen una tendencia sexual distinta, o les gusta el Partido Comunista (Utilizo estas categorías con fines netamente ejemplificadores, basándome en las observaciones sobre causales de discriminación). El poder de mis ideas no radica en si grito más fuerte o logro una mejor verborrea que destruya a otra persona con descalificaciones, sino que tiene que ver con algo que en el último tiempo no se ve: LA CONSECUENCIA.

A medida que crezco y me hago una mujer más grande, con más experiencia y más entrante a la vida adulta, me doy cuenta que el mundo en sí, propicia espacios negativos. Me gustaría generar calidez en las personas que me rodean, pero creo que hoy, me siento vencida por el mundo… y me da miedo admitirlo, pero me rendí.

Lo bueno es que tal como me he rendido hoy, me ha pasado muchas veces, y he vuelto a confiar, porque así como hay gente que destruye, hay otra que quiere construir, que tiene esperanza pero no tiene certezas… Y yo quiero al menos tener esa certeza, de que no quiero vivir mi vida sin haber hecho nada, no quiero contarle a mis hijos y nietos que hice puras weas de joven, sino que además de eso, hice cosas que valieron la pena… que hay cosas que no me son indiferentes.

Pare, mire y escuche…

En honor a los 4 años de estudiar sociología y que me han hecho, a mi juicio una persona más observadora y consciente de lo que pasa, he decidido compartir algunas observaciones locas que he hecho, gracias a mis casi ya 2 meses de trabajar en el centro de una pequeña ciudad como Temuco y lo que me ha permitido visitar más frecuentemente las zonas más céntricas donde hay personas:

-El poder de Dios: Iba yo en la micro en la mañana camino a mi trabajo, y se sube en la parada siguiente, un hombre con una guitarra. Se ubicó atrás de la micro (precisamente donde iba sentada yo y tenía una perspectiva previlegiada de todo el panorama) y comenzó a tocar música de estilo andino. La canción en contenido era muy positiva, pero en general (lo digo porque me he subido a otras micros donde suben artistas callejeros a cantar), la gente no empatiza mucho con ellos, y menos aún les da dinero. Lo curioso de este caso, es que la canción en un momento dio ese salto muy positivo, a la imagen de dios. Frases como: El Señor me ama, él es mi compañero” o “Soy feliz porque Jesús está conmigo” se sucedieron una tras otra en las canciones, cosa que hizo automáticamente reaccionar a los pasajeros y el hombre este, se bajó con algo así como diez mil pesos de la micro. Mi conclusión es que si bien, bromeamos mucho con las expresiones religiosas efusivas propias de los evangélicos o grupos más extrovertidos, siempre el buen deseo de la mano de dios, por parte de gente extraña nos resulta agradable.

Todo entra por la vista: Uno de los días de semana en que ya me harto de comer en el mismo patio de comidas, fui a McDonalds y pedí mi hamburguesa queso con papas y jugo para llevar y no encontré mejor lugar para comer que la plaza de armas. Me senté en una banca sola y almorcé mientras miraba todo lo que pasaba a mi alrrededor, cuando una conducta bastante particular, llamó mi atención. De estos típicos trabajadores de la construcción (en las ciudades siempre se está construyendo o reparando algo), había tres sentados frente a mi en el borde del monumento central de la plaza. Se reían repetidamente cada vez que pasaban sólo mujeres (fueran estas: niñas, mujeres adultas, mujeres jóvenes e incluso mujeres con hijos). Pasando el tiempo, me puse a observar con detención y se fijaban en la parte trasera de las mujeres. Las que iban con falta ameritaban que tuvieran que agacharse para ver si se veía algo más y luego de ver pasar el trasero, comentaban que a ella o aquella, le hacía falta algo más apretado, o la falda más arriba, o era un poto muy caído, etc. No es que quiera hacerme a maldita ingenua y pensar que los hombres no miran potos (porque tanto hombres como mujeres, los miramos bastante a menudo) pero me llamó la atención, lo animados y evidentes que eran como críticos de potos.

Todas estas cosas pasan al lado nuestro… No hay que ir a otro país ni salir muy lejos. Quizá la sociología hizo de mi alguien un poco voyeurista, pero hay una frase que dijo Terencio muuuchos años atrás:

“Hombre soy; nada humano me es ajeno”.

Definitivamente nada que tenga que ver con la sociedad o las personas me es ajeno…