Pare, mire y escuche…

En honor a los 4 años de estudiar sociología y que me han hecho, a mi juicio una persona más observadora y consciente de lo que pasa, he decidido compartir algunas observaciones locas que he hecho, gracias a mis casi ya 2 meses de trabajar en el centro de una pequeña ciudad como Temuco y lo que me ha permitido visitar más frecuentemente las zonas más céntricas donde hay personas:

-El poder de Dios: Iba yo en la micro en la mañana camino a mi trabajo, y se sube en la parada siguiente, un hombre con una guitarra. Se ubicó atrás de la micro (precisamente donde iba sentada yo y tenía una perspectiva previlegiada de todo el panorama) y comenzó a tocar música de estilo andino. La canción en contenido era muy positiva, pero en general (lo digo porque me he subido a otras micros donde suben artistas callejeros a cantar), la gente no empatiza mucho con ellos, y menos aún les da dinero. Lo curioso de este caso, es que la canción en un momento dio ese salto muy positivo, a la imagen de dios. Frases como: El Señor me ama, él es mi compañero” o “Soy feliz porque Jesús está conmigo” se sucedieron una tras otra en las canciones, cosa que hizo automáticamente reaccionar a los pasajeros y el hombre este, se bajó con algo así como diez mil pesos de la micro. Mi conclusión es que si bien, bromeamos mucho con las expresiones religiosas efusivas propias de los evangélicos o grupos más extrovertidos, siempre el buen deseo de la mano de dios, por parte de gente extraña nos resulta agradable.

Todo entra por la vista: Uno de los días de semana en que ya me harto de comer en el mismo patio de comidas, fui a McDonalds y pedí mi hamburguesa queso con papas y jugo para llevar y no encontré mejor lugar para comer que la plaza de armas. Me senté en una banca sola y almorcé mientras miraba todo lo que pasaba a mi alrrededor, cuando una conducta bastante particular, llamó mi atención. De estos típicos trabajadores de la construcción (en las ciudades siempre se está construyendo o reparando algo), había tres sentados frente a mi en el borde del monumento central de la plaza. Se reían repetidamente cada vez que pasaban sólo mujeres (fueran estas: niñas, mujeres adultas, mujeres jóvenes e incluso mujeres con hijos). Pasando el tiempo, me puse a observar con detención y se fijaban en la parte trasera de las mujeres. Las que iban con falta ameritaban que tuvieran que agacharse para ver si se veía algo más y luego de ver pasar el trasero, comentaban que a ella o aquella, le hacía falta algo más apretado, o la falda más arriba, o era un poto muy caído, etc. No es que quiera hacerme a maldita ingenua y pensar que los hombres no miran potos (porque tanto hombres como mujeres, los miramos bastante a menudo) pero me llamó la atención, lo animados y evidentes que eran como críticos de potos.

Todas estas cosas pasan al lado nuestro… No hay que ir a otro país ni salir muy lejos. Quizá la sociología hizo de mi alguien un poco voyeurista, pero hay una frase que dijo Terencio muuuchos años atrás:

“Hombre soy; nada humano me es ajeno”.

Definitivamente nada que tenga que ver con la sociedad o las personas me es ajeno…

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s