Mi primera semana en Ciudad de México

Hoy martes 19 de agosto, se cumplen ya 7 días de que llegué a esta mega ciudad, y por supuesto que como es la primera semana, enumeraré los primeros hechos que me han ocurrido en esta ciudad, junto a sus respectivas observaciones (No puedo evitarlo, soy socióloga xD)

1.- Mi primera comida picante: Si bien toda la comida es picante, puede uno evitar lo más más picante, comiendo los tacos sin las salsas misteriosas que tienen en las taquerías, pero mi instinto curioso frente a las costumbres de este país me gana a menudo, probé el chile habanero. Fue algo así como echar fuego por la boca y como si ningun refresco o agua pudiera calmar ese picor. Luego de ese episodio decidí que aunque me dijeran la típica frase de: “No, si este pica menos”, me negaría amablemente.

2.- Mi primera ida en metro: El metro de Santiago creo que no tiene más de 4-5 líneas de metro. Bueno acá en el DF hay DOCE, SI DOCE. Es todo un universo el metro de acá, desde la infraestructura, hasta las personas que viajan. También puedes conseguir lo que sea en el metro gracias al comercio ambulante que si está permitido. Y puedes ver las escenas más promisorias que se podrían convertir en la antesala de una película XXX.

3.- Mi primero corte de cabello: De Chile traía un poco partidas las puntas y decidí que como estaba en una ciudad nueva, debía partir con un cambio: Un corte de pelo. Por recomendaciones, llegué a una peluquería de una chica muy famosa, que corta el cabello por 20 o 50 pesos dependiendo la complejidad. Cuando la vi, era una chica que se veían como de 17 años, contextura delgada, rubio teñido y con voz grave que respondía al nombre de Gary. Me alabó mi cabello colorín natural y mi alaciado que ella confesó desear tener. Me cortó bien el pelo y con eso me fui feliz, de haber conocido a Gary.

4.- Mi primera ida al mercado: Fui a lo que acá llaman los “tianguis”, mercados que son especies de ferias libres donde puedes encontrar desde peces para acuario, hasta ropa, pasando por verduras, frutas, artículos de aseo y por supuesto algo que jamás falla en esta ciudad: Puestos de tacos. Las frutas son un universo nuevo que de a poco iré descubriendo y probando. Las verduras también son otra área que investigaré de a poco, pero lo bueno es que acá las personas son muy amables y al menos en mi calidad de extrajera, me han ayudado mucho, por lo que sospecho que esto de ir al tiaguis será divertido.

5.- La primera pelea de tráfico: En una semana ya he presenciado mi primera discusión de tráfico y me resulta divertido el cómo se madrean acá. Esos modos tan mexicanos me transportan a las canciones de Molotov y he comprobado el nivel de violencia con la que se tratan. Son como decimos en Chile “polvoritas”. Se mandan a chingar su madre seguido por cualquier cosa que ocurra en la vía, pero es parte de la cultura más extrovertida de los mexicanos.

6.- Sobrevivir al tráfico vehicular: En Chile yo solía reclamar por el no respeto a normas de tránsito, pero acá, me he tenido que tragar mis palabras. Acá he aprendido a cruzar avenidas como Reforma (tiene doble vía) en pasos de cebra que siento que sólo yo veo, porque no hay ningún auto que se detenga a menos que con tu mano pidas permiso y te lo concedan. Los peceros o micros, son otra aventura sobre cuatro ruedas. Los primeros días, casi me daba un ataque de ver que la micro en la que iba pasaba con semáforo en rojo, pero con los días uno comienza a entender que es como una forma de superviviencia y que de lo contrario llegas tarde a tu destino. Uno tiende a pensar que son los autos particulares quienes cual culebra, se meten entre las pistas esquivando autos, pero acá eso lo hacen las micros, con pasajeros, vacías o repletas. Recomendación: Afírmese bien.

7.- El clima: Acá en las mañanas amanece medio nublado, a la hora se despeja y puede uno disfrutar de un sol preciosos y a la hora, una tormenta eléctrica que piensas que el cielo se partirá en dos. Pero así es el DF y ya lo he aceptado, porque debo confesar que amo ese calor que ni con la lluvia se va. Puede uno andar en playera y shorts, pero sólo te mojas, no te enfrías.

8.- La diversidad: Lo que más me gusta de acá es la diversidad (Algunos mexicanos me han dicho que es aparente) que se vive en los espacios públicos. Los gays y las lesbianas se pasean de la mano sin llamar la atención. Pueden besarse y eso no despierta miradas morbosas o comentarios curiosos. Simplemente ya resulta algo habitual. Creo que en eso, México tiene que enseñarnos a vivir. En este mismo contexto, me gusta que acá los hombres son menos estereotipados: Usan camisas y playeras rosa, se visten muy bien algunos, usan peinados bonitos y no por eso son gays o dejan de ser hombres. Eso me gusta y mucho.

9.- El gel: Dedico un punto aparte a esto porque es algo que he visto muy masivamente. Los hombres de esta ciudad, por no decir casi todos, usan gel. Los que tienen cortes sopaipa, rebajado a los lados y con más volumen arriba, los que tiene corte promedio, los que tienen poco pelo, todos usan gel sin condiciones. Me llama la atención porque en Chile no es tan masivo. En la tarde tipo 8-9 de la noche, vez que los hombres vuelven con sus peinados impecables, y es gracias al gel. Esta práctica me hace pensar que la industria de gel para cabello debe tener una planta en Ciudad de México.

10.- El lenguaje: Me gusta aprender palabras nuevas aunque a veces me cuesta usarlas. Ándale, a poco, mande, órale, entre otras, son palabras que creo pronto se me pegarán.Del mismo modo, muy a menudo se me salen las palabras chilenas y a los mexicanos les hace mucha gracia, pero me gusta contarles que las cosas son diferentes, pero generalmente no me niego a aprender, de hecho es lo que más me gusta.

 

Primera semana de los dos años que se vienen, creo que ya no serán 10 cosas, porque en el DF, todos los días hay cosas nuevas que te sorprenden!!!

About me

Acabo de revisar mi About.me y me di cuenta que esa red social, donde tengo que poner poco menos que trabajé para la NASA para que alguien se interese por mi trabajo, dice bien poco “abaut mi”

Y si, creo que con el tiempo he ido cambiando, ya no me cuestiono las mismas cosas que hace meses atrás, porque también no estoy viviendo un período ordinario ni parecido a algún otro que haya vivido antes… El principio del fin.

Así es, ya estoy en lo que se llama “la recta final” y como me gusta decirle a mi “El matadero”. Estoy a pasos de, si todo resulta, dar mi examen de grado y por fin, de una vez por todas, convertirme en socióloga.

Había esperado tanto este período, que ahora que está aquí, en mi nariz… Me hace ponerme reflexiva y mirar para atrás…

Miro hacia atrás efectivamente y veo que la Bea de hace 5 años, la que llegó a esta ciudad “grande” (en ese entonces para mi Temuco era como una metrópoli), era una chica enferma de soledad, ñoña a morir y con valentía de esa que aguanta las lágrimas, pero cuando los papás y la hermana se fueron dejándola aquí, estalló en llanto.

Con el tiempo pasé esa fase que yo bautizo como mi “período oscuro”, donde Dios fue reemplazado por la lucha de clases, los textos de teoría sociológica y las clases de filosofía marxista. Dejé todo eso super arraigado en mi en los 16 años que pasé en un colegio de monjas y me rebelé. Le digo período oscuro porque ahora que me he reencontrado con todo lo que soy yo, definitivamente estoy mil veces mejor. En esa época también empezaron esas típicas decepciones amorosas y mi extraño gusto por los hombres revolucionarios que, para gracia mía, sólo quedaron en gusto.

Luego vino el período de estudio, donde ya atravesado el tiempo anterior, volví a la luz, y me refugié en lo que se convirtió en mi compañía de todos los días: El estudio y los libros. Me levantaba temprano aunque no hubiera clases y me iba a la biblioteca a leer toooodo el día. Este podría ser bautizado como el “período ñoño” en donde las notas iban subiendo, las cosas se volvían más complejas, pero le ponía mucho esfuerzo y lo soportaba normalmente. En este período afiancé también lazos de amistad con personas que estaban en mi misma pará… Yo no le creía a mi mamá cuando me decía: “Los amigos del colegio no siempre son para toda la vida, pero los de la universidad, de ahí salen los compadres, padrinos de matrimonios y esos hermanos que uno elige” Y ahora que lo pienso, tiene toda la razón, porque tengo amigos que tengo una certeza en mi corazón que pronto no se irán… y más de alguno quizá sea mi compadre (Y si ellos obvian mi locura, quizá me dejen ser madrina de alguno de los suyos)

Finalmente llegué al período final, ese donde ya la vida adulta pisa los talones, las cosas adquieren más valor, el dinero cobra un nuevo significado, sacas la primera cuenta corriente, realizas tus primeros trabajos como casi profesional y todas esas cosas. Es el tiempo también donde el tiempo libre es mucho menos que antes, donde para verte con tu grupo de amigos y coordinarse es más complicado y donde ves menos a tus papá, o mejor dicho, tus papás te ven menos. Es el período también donde las amistades que creías durarían para siempre, comienzan a alejarse o donde esas amigas con pololos ya no te llaman si no es porque tuvieron peleas con sus novios.

Miro para atrás de nuevo, luego del recuento y creo que me siento muy orgullosa de mí misma, de todas las cosas maravillosas que he logrado, que no me he detenido frente a las cosas fácilmente y que me he esforzado por las que realmente valen la pena. Suena realmente egoísta esto que digo, pero la verdad es que todo el tiempo pienso en lo que los otros ven de mi, en si mis decisiones los hará felices o no. Y ahora que miro atrás, me siento orgullosa de las cosas que yo he hecho, porque he aprendido que no siempre tengo que hacer cosas por los demás y que es el momento de mi vida, donde empiezo a hacer cosas por mi. Evidentemente elegir mi carrera y estudiarla creo que es la única cosa que he decidido por mi, pero ahora me toca decidir si quiero estar con alguien o sola, el color de las cortinas de mi casa, donde quiero vivir, etc… Siento como si tuviera una llave maestra y pudiera abrir cualquier puerta, y eso me asusta un poco, pero gracias a la libertad en la que me nací y crié, creo que sabré usarla.

Hace días le pregunté a mi mamá: “Lily, tu cuando yo era niña, cuando me tuviste en tus brazos, me cuidabas y me veías crecer, ¿Pensaste que llegaría hasta donde lo he hecho ahora? y ella me respondió: “La verdad es que no, siempre deseé que fueras feliz y traté de hacerlo lo mejor posible. Ahora veo que hay cosas en las que me equivoqué, pero lo hice pensando en lo mejor para tu hermana y tú. Lo que sí supe, es que, cuando te veía lo inteligente que eras, cuando te enseñé a leer en la casa y todo se te hacía fácil de aprender (excepto las matemáticas, porque en eso saliste a mi jajajaja) y cuando obtenías tantos logros académicos, supe que iba a tener que dejarte ir lejos, porque lograrías muchas cosas y aún tengo esa certeza: Que quizá te vayas lejos, a otro país, viajes mucho, te cases con un gringo, un negro o un chino y tengas esos hijos adoptados que tanto quieres… Sé que tus sueños te llevarán lejos y precisamente por eso, tendré que dejarte volar, con el dolor de mi corazón”

Espero que el sueño que mi mamá tiene para mi (excepto el del matrimonio, al menos no por el momento jajajaja), pueda realizarse… Pero más que todo, espero poder lograr la felicidad.

Esto sí es abaut mi… 

Link

En el último mes, he sabido de algo así como 5 formas nuevas de espiar a las personas a través de la red. Y lo más curioso es que estos datos me los han dado personas con parejas. Si, ese es su campo de entrenamiento para esta formación que yo creo que ni la PDI chilena, ni el FBI y ni Snowden se imaginarían.

En estas conversaciones, me contaban casos como: “Mira, si con el IP del computador, puedes saber donde ha estado tu pololo/a, si realmente está donde él/ella te dice que va a estar” o “Facebook con eso de la ubicación no es tan efectivo, porque puedes desactivarle la ciudad, o simplemente ponerte que estas en un lugar y no es cierto”. Sinceramente, casi caigo en depresión…

En mi (luego de estas conversaciones) inocente soltería, pensaba que las parejas de pololos, convivientes, andantes, etc. estaban el uno con el otro porque son felices, se aman y hay más cosas de por medio que los unen… pero NUNCA se me había pasado por la mente, que alguien estuviera con otra persona y que eso NECESARIAMENTE implicara investigar absolutamente TODO sobre lo que hace, incluso cuando no están juntos.

Esto tiene también otro tema inserto, que es el de dar las claves de TODO a tu pareja. Me considero NO partidaria de esta práctica, primero porque, ES POCO PRÁCTICA, luego de un mal término, hay que cambiar tooodas las claves de cada red social donde se tiene un perfil, correos electrónicos, cuentas bancarias y todo eso. Además de que uno no siempre cuenta con que puede tocarte un prototipo de mujer/hombre que parecía normal, pero escondía detrás a un psicópata de esos de las películas que guardan fetiches y coleccionan cosas de sus víctimas (Si, suena ridícula la wea, pero yo sé de casos reales que así fueron)

Dentro de esto, está en juego no sólo cosas como hackers o tener que cambiar de vida cibernética, sino algo que para mí resulta primordial en la mayoría de las relaciones humanas: la confianza. No puedo estar con alguien en quien no confío y me resultaría algo casi enfermizo tratar de saber TODO el tiempo qué cosa hace y qué no. No sé si es porque llevo mucho de soltera, pero me gusta la idea de tener un espacio de libertad donde si quiero tomar helado con mi amigo que no veo hace mil, o ir a algún lugar sola, pueda hacerlo y al mismo tiempo, tener una relación afectiva con alguien que le pareciera también adecuado una dinámica como esta.

Eso de “quien te quiere no te oculta”, es cierto, lo apoyo, pero no tiene para mí al menos una relación directa con que mi enamorado (que a estas alturas y en este escenario, dudaría que estuviera enamorado aún) ponga que está conmigo en facebook, twitter, google+ y todas las redes sociales. Fotos esporádicas, mensajes amorosos y tiernos, me parecen adecuados y lindos. O bien un mensajito en whatsapp deseando un buen día. Esas son cosas que resultan tiernas y permiten una libertad de la persona, es decir, que estar en pareja no signifique estar en una prisión sin rejas.

Ahora, también el whatsapp es un tema. Los famosos vistos son motivo de rupturas según leí en algún sitio de internet. Cuando salen los dos vistos y no hay respuestas… eso podría desencadenar una cosa muy parecida a la bomba atómica (insisto en el hecho que depende de la patología que podría desarrollar una persona). Reconozco que me cae bien whatsapp, pero a veces me ahoga. Me gusta eso de “echarse de menos”, de luego de no verse o hablar por muchos días, reencontrarse y tener conversaciones bacanes con esa persona, además de hablar de cosas triviales.

Y como soy una soñadora empedernida, si creo en los sueños, creo que también existe el amor verdadero… Creo que aún existe eso de “hablar con la mirada”, cuando estás tan conectada con esa otra persona, que la miras y ya sabes qué cosa está pensando. No sólo el de “en una relación con” del Facebook, sino que algo más que eso 😀

Les dejo una canción bonita… Es algo que se da y así tuviera uno un GPS en el corazón sincronizado con el de la otra persona, no podría forzarse… Se llama complicidad 😀

 

Amar y respetar la vida

Producto de los últimos acontecimientos ocurridos en Chile, a causa de esta discusión sobre el aborto, y sobre todo, por el caso de esta niña de 11 años embarazada producto de constantes violaciones, he pensado y reflexionado muchas cosas con respecto a esto que los especialistas y referentes de opinión hablan en televisión sobre respetar la vida.

Existen campañas contra el aborto, que hablan de respetar la vida “desde la concepción hasta la muerte natural”, y verdaderamente, me parece absolutamente válido, pero quiero ir un poco más allá… y me pregunto: ¿Que hay de respetar la vida en el transcurso de esta?

Porque claro, uno puede darle todo el apoyo posible materialmente hablando a un niño o niña para que llegue al mundo, pero los esperamos con un escenario en donde más que vivir, sobrevivimos matándonos unos a otros. Los iniciamos en un círculo de violencia que no se frena, donde si un compañero te insulta, debes aprender a pelear para que en la próxima oportunidad sea “valiente” y le logre dar un combo.

Les enseñamos que los papás mientras más cosas materiales les dan, sin importar si la mamá o el papá no le brinda tiempo de calidad, es porque los aman. Que si tengo mejores juguetes y artículos de vanguardia, es mucho más aventajado.

Tenemos palabras despectivas que denominan TODO aquello que es correcto: Mateo, Mamón, Macabeo, etc… Un niño que trata mal a su mamá, no tiene un nombre en particular, porque eso es NORMAL.

Y creo que lo peor de todo, los formamos en burbujas, donde ellos entienden que, el que hayan niños que sean muy favorecidos económicamente y otros que no tienen nada, es algo normal y creo que eso si que no es respetar la vida, sino crearles una realidad en donde se legitima que la violencia de la desigualdad es algo sumamente normal.

La vida vale. La vida es algo que debemos proteger, pero en muchas esferas… La vida de un recién nacido tiene tanto o más valor que la vida de un adulto, que de un niño que vive en un barrio de condición socioeconómica deficitaria. Escuchar al otro en su diferencia es también una forma de valorar la vida y promover que personas tengan oportunidades de desarrollarse y ser felices… adivinen… TAMBIÉN ES PROMOVER LA VIDA.

Hoy me duermo pensando en todas las cosas que podría hacer yo por promover la vida, respetarla y amarla… Y pienso en las oportunidades que yo he recibido. Las personas que tenemos el privilegio de hacer lo que nos apasiona, es porque nuestros padre han respetado y amado la vida… han amado nuestra vida y nos permiten ser felices y apoyarnos en alcanzar nuestros sueños.

Quizá podría ser que las personas que hacemos lo que amamos, aprovechemos esa oportunidad y hagamos de este mundo un lugar donde podamos darles oportunidades a los que siempre pierden… Así probablemente amaríamos mucho más la vida…

Por qué se hace lo que se hace???

Cuando me siento colapsada a más no poder, me pongo a escuchar música y pensar muchas cosas…
Hoy pensé: Porqué estoy haciendo estas cosas que demandan gran cantidad de tiempo, energía, presupuesto, momentos lindos que podría aprovechar con mi familia, e incluso, desgaste físico (Lo digo con ojos que no me permiten ver todo lo que quisiera, dolor de espalda y cola y una tendinitis al borde de volverse crónica)??
No logro encontrar una respuesta que me satisfaga, pero creo que es porque no puedo hacer otra cosa. Porque habiendo tenido un universo bastante más amplio que el promedio de jóvenes de mi país, elegí lo que más cuesta. Y ahí me cuestiono esas cosas que en el pasado hice y me digo: Por qué mierda siempre me ha gustado hacer las cosas que más costos me han traido??
Podría perfectamente haber elegido estudiar una carrera convencional, como derecho, o profesora de historia. Son profesiones socialmente aceptadas, que dan una estabilidad económica y permiten llevar una vida normal.
Pero no. Resulta que esta weona porfiá, decidió llevarle todo lo que es la contra a sus papás y decidí estudiar una weá que NADIE sabía que era: Sociología. Yo siempre quise estudiar algo relacionado con las ciencias sociales o las humanidades y siempre fui freak para el común de mis pares. Quise estudiar Teología, filología, bachillerato en humanidades, y cada una de estas opciones fueron hechas añicos por la que se suponía debía ser la “orientadora” de mi colegio.
Mis papás siempre han querido mi felicidad, pero también mi estabilidad y creo que eso era lo que les preocupaba de mi. Pero creo que han visto en mi, algo que no creían que yo lograría (y tiendo a pensar que a veces aún lo dudan) que es que yo no podría llegar tan lejos con mi tozudes.
Siempre digo que hay cosas que para mi no estan permitidas y eso me presiona enormemente, pero quien no trabaja bajo presión, no puede trabajar en un mundo como el de hoy, por eso, saber que no puedo fallarle a mis padres, me hace querer hacer las cosas lo mejor posible.
Porqué la sociología??? Porque no podría hacer otra cosa… Porque este enrredo que huele a erudismo y sabiduría, con tintes de revolución me terminó por calar hasta en los huesos. Me gusta que cuando voy a alguna parte y digo que seré una “comunista muerta de hambre”, como diría mi orientadora del colegio, las personas me pregunten qué cosa hago realmente, y muy amorosamente me dicen que lo encuentran interesante. Me gusta que las cosas que pasan a mi alrrededor no me sean indiferentes, que sienta todos los días ganas de hacer cosas nuevas y cambiar el mundo. Me gusta que en la conversación cotidiana pueda uno hacer sociología y la gente no lo note. Me gusta ese instinto mio medio voyeurista de mirar a las personas vivir en sociedad, de que se crean inmortales y que cuando se para la escalera del centro comercial se les rompa el esquema.
Me gusta que en esta profesion se viaja mucho, que siempre hay que tener perspectivas distintas para mirar la realidad. Que tengo que relacionarme con muchas personas y otros como yo. Me gusta ser subestimada y sorprender…
Me gustaría poder encontrar un compañero para la vida, que entienda esto, o que si no lo logra entender, que comprenda y que ame de la misma forma lo que el hace para cambiar el mundo. Me gustaría que mis hijos fueran felices por ver que su mamá ama lo que hace tal como los ama a ellos…
Eso me gustaría…
Creo y pienso en tantas cosas… pero creo por sobre todo, en las personas…

http://www.youtube.com/watch?v=g-3OtM0RLGs

Cosas que dan lata…

Últimamente me he sentido decepcionada… De algunas personas, de situaciones, de instituciones… de varias cosas en general.

Y es quizá esta visión un poco fatalista y melancólica que me hace querer escribir esto, porque me gustaría hacer una pequeña tipología de las cosas que me han hecho sentir así:

EL SILENCIO (…) : Es ese momento en el que la situación es precisamente esos puntos suspensivos entre dos paréntesis: no se sabe nada. Es incierto, uno no tiene explicaciones sobre nada, la situación no avanza ni para bien ni para mal, es la peor cosa que puede ocurrir. Es cuando tu deseas que ese alguien te diga que te odia, que no te quiere, o que simplemente te diga QUE CHUCHA PASA… porque por lo menos así uno puede sentirse mal con razón y la sufre para después seguir… Pero no, ese momento es un terreno demasiado fértil para los pasados de rollo que imaginan siempre lo peor y quizá no es así. La solución más fácil es HABLAR, DECIR LO QUE SE SIENTE… Lección que personalmente debo decir, me falta aprender, pero considerando lo terrible que me he sentido frente a este tipo de situaciones, y que uno aprende de las cosas que le causan dolor más que de las positivas… No voy a olvidar practicar.

SABER DEMASIADO SOBRE ALGO: Cuando ves que ocurre algo que NO DEBERÍA OCURRIR, porque tu manejas información que al parecer el resto no. Generalmente esta sensación se manifiesta en situaciones como cuando uno conoce personas que le ocurren cosas buenas, pero a juzgar por como habla de los demás, uno cree que no las merece. No está tan asociado a la envidia, sino más bien a lo que objetivamente uno ve. Me ha tocado estar en esta situación como la persona que maneja la información, y si bien yo no soy una blanca paloma que hace sólo cosas buenas, creo que hay cosas que resultan injustas. No puede uno solucionar una situación así, más bien yo creo que, si usted cree en Dios, el Karma, las energías, la naturaleza o incluso una piedra… supongo que también cree que ese ser superior es muy sabio y probablemente hará que tarde o temprano todo logre su equilibrio, la información salga a la luz y cada quien tenga lo que merezca.

TODO VA MAL: Si, yo que siempre he querido cambiar el mundo (Claramente no inventar la rueda ni curar el cáncer, pero al menos hacer algo), me pasa que a veces veo todo negativo que dudo de querer hacer algo asi, pero esta vez, ese sentimiento se refuerza con cada cosa negativa que ha pasado a mi alrrededor: Mujeres que mueren a mano de sus maridos, las personas no logran una capacidad de diálogo, sino de discusiones que asemejan más una sacada de madre que debatir por ideas, la POCA TOLERANCIA, tanto a nivel religioso, político, social, etc… Y es precisamente esto último lo que más me apena y asusta. No logro entender que alguien no sea capaz de tolerar una opinión distinta. Recuerdo que con el tiempo fui aprendiendo que tal como yo tengo derecho a decir que soy católica y que no adscribo a ningún partido político, existe el MISMO GRADO de libertad para las personas de no querer decir si tienen una tendencia sexual distinta, o les gusta el Partido Comunista (Utilizo estas categorías con fines netamente ejemplificadores, basándome en las observaciones sobre causales de discriminación). El poder de mis ideas no radica en si grito más fuerte o logro una mejor verborrea que destruya a otra persona con descalificaciones, sino que tiene que ver con algo que en el último tiempo no se ve: LA CONSECUENCIA.

A medida que crezco y me hago una mujer más grande, con más experiencia y más entrante a la vida adulta, me doy cuenta que el mundo en sí, propicia espacios negativos. Me gustaría generar calidez en las personas que me rodean, pero creo que hoy, me siento vencida por el mundo… y me da miedo admitirlo, pero me rendí.

Lo bueno es que tal como me he rendido hoy, me ha pasado muchas veces, y he vuelto a confiar, porque así como hay gente que destruye, hay otra que quiere construir, que tiene esperanza pero no tiene certezas… Y yo quiero al menos tener esa certeza, de que no quiero vivir mi vida sin haber hecho nada, no quiero contarle a mis hijos y nietos que hice puras weas de joven, sino que además de eso, hice cosas que valieron la pena… que hay cosas que no me son indiferentes.

Pare, mire y escuche…

En honor a los 4 años de estudiar sociología y que me han hecho, a mi juicio una persona más observadora y consciente de lo que pasa, he decidido compartir algunas observaciones locas que he hecho, gracias a mis casi ya 2 meses de trabajar en el centro de una pequeña ciudad como Temuco y lo que me ha permitido visitar más frecuentemente las zonas más céntricas donde hay personas:

-El poder de Dios: Iba yo en la micro en la mañana camino a mi trabajo, y se sube en la parada siguiente, un hombre con una guitarra. Se ubicó atrás de la micro (precisamente donde iba sentada yo y tenía una perspectiva previlegiada de todo el panorama) y comenzó a tocar música de estilo andino. La canción en contenido era muy positiva, pero en general (lo digo porque me he subido a otras micros donde suben artistas callejeros a cantar), la gente no empatiza mucho con ellos, y menos aún les da dinero. Lo curioso de este caso, es que la canción en un momento dio ese salto muy positivo, a la imagen de dios. Frases como: El Señor me ama, él es mi compañero” o “Soy feliz porque Jesús está conmigo” se sucedieron una tras otra en las canciones, cosa que hizo automáticamente reaccionar a los pasajeros y el hombre este, se bajó con algo así como diez mil pesos de la micro. Mi conclusión es que si bien, bromeamos mucho con las expresiones religiosas efusivas propias de los evangélicos o grupos más extrovertidos, siempre el buen deseo de la mano de dios, por parte de gente extraña nos resulta agradable.

Todo entra por la vista: Uno de los días de semana en que ya me harto de comer en el mismo patio de comidas, fui a McDonalds y pedí mi hamburguesa queso con papas y jugo para llevar y no encontré mejor lugar para comer que la plaza de armas. Me senté en una banca sola y almorcé mientras miraba todo lo que pasaba a mi alrrededor, cuando una conducta bastante particular, llamó mi atención. De estos típicos trabajadores de la construcción (en las ciudades siempre se está construyendo o reparando algo), había tres sentados frente a mi en el borde del monumento central de la plaza. Se reían repetidamente cada vez que pasaban sólo mujeres (fueran estas: niñas, mujeres adultas, mujeres jóvenes e incluso mujeres con hijos). Pasando el tiempo, me puse a observar con detención y se fijaban en la parte trasera de las mujeres. Las que iban con falta ameritaban que tuvieran que agacharse para ver si se veía algo más y luego de ver pasar el trasero, comentaban que a ella o aquella, le hacía falta algo más apretado, o la falda más arriba, o era un poto muy caído, etc. No es que quiera hacerme a maldita ingenua y pensar que los hombres no miran potos (porque tanto hombres como mujeres, los miramos bastante a menudo) pero me llamó la atención, lo animados y evidentes que eran como críticos de potos.

Todas estas cosas pasan al lado nuestro… No hay que ir a otro país ni salir muy lejos. Quizá la sociología hizo de mi alguien un poco voyeurista, pero hay una frase que dijo Terencio muuuchos años atrás:

“Hombre soy; nada humano me es ajeno”.

Definitivamente nada que tenga que ver con la sociedad o las personas me es ajeno…