About me

Acabo de revisar mi About.me y me di cuenta que esa red social, donde tengo que poner poco menos que trabajé para la NASA para que alguien se interese por mi trabajo, dice bien poco “abaut mi”

Y si, creo que con el tiempo he ido cambiando, ya no me cuestiono las mismas cosas que hace meses atrás, porque también no estoy viviendo un período ordinario ni parecido a algún otro que haya vivido antes… El principio del fin.

Así es, ya estoy en lo que se llama “la recta final” y como me gusta decirle a mi “El matadero”. Estoy a pasos de, si todo resulta, dar mi examen de grado y por fin, de una vez por todas, convertirme en socióloga.

Había esperado tanto este período, que ahora que está aquí, en mi nariz… Me hace ponerme reflexiva y mirar para atrás…

Miro hacia atrás efectivamente y veo que la Bea de hace 5 años, la que llegó a esta ciudad “grande” (en ese entonces para mi Temuco era como una metrópoli), era una chica enferma de soledad, ñoña a morir y con valentía de esa que aguanta las lágrimas, pero cuando los papás y la hermana se fueron dejándola aquí, estalló en llanto.

Con el tiempo pasé esa fase que yo bautizo como mi “período oscuro”, donde Dios fue reemplazado por la lucha de clases, los textos de teoría sociológica y las clases de filosofía marxista. Dejé todo eso super arraigado en mi en los 16 años que pasé en un colegio de monjas y me rebelé. Le digo período oscuro porque ahora que me he reencontrado con todo lo que soy yo, definitivamente estoy mil veces mejor. En esa época también empezaron esas típicas decepciones amorosas y mi extraño gusto por los hombres revolucionarios que, para gracia mía, sólo quedaron en gusto.

Luego vino el período de estudio, donde ya atravesado el tiempo anterior, volví a la luz, y me refugié en lo que se convirtió en mi compañía de todos los días: El estudio y los libros. Me levantaba temprano aunque no hubiera clases y me iba a la biblioteca a leer toooodo el día. Este podría ser bautizado como el “período ñoño” en donde las notas iban subiendo, las cosas se volvían más complejas, pero le ponía mucho esfuerzo y lo soportaba normalmente. En este período afiancé también lazos de amistad con personas que estaban en mi misma pará… Yo no le creía a mi mamá cuando me decía: “Los amigos del colegio no siempre son para toda la vida, pero los de la universidad, de ahí salen los compadres, padrinos de matrimonios y esos hermanos que uno elige” Y ahora que lo pienso, tiene toda la razón, porque tengo amigos que tengo una certeza en mi corazón que pronto no se irán… y más de alguno quizá sea mi compadre (Y si ellos obvian mi locura, quizá me dejen ser madrina de alguno de los suyos)

Finalmente llegué al período final, ese donde ya la vida adulta pisa los talones, las cosas adquieren más valor, el dinero cobra un nuevo significado, sacas la primera cuenta corriente, realizas tus primeros trabajos como casi profesional y todas esas cosas. Es el tiempo también donde el tiempo libre es mucho menos que antes, donde para verte con tu grupo de amigos y coordinarse es más complicado y donde ves menos a tus papá, o mejor dicho, tus papás te ven menos. Es el período también donde las amistades que creías durarían para siempre, comienzan a alejarse o donde esas amigas con pololos ya no te llaman si no es porque tuvieron peleas con sus novios.

Miro para atrás de nuevo, luego del recuento y creo que me siento muy orgullosa de mí misma, de todas las cosas maravillosas que he logrado, que no me he detenido frente a las cosas fácilmente y que me he esforzado por las que realmente valen la pena. Suena realmente egoísta esto que digo, pero la verdad es que todo el tiempo pienso en lo que los otros ven de mi, en si mis decisiones los hará felices o no. Y ahora que miro atrás, me siento orgullosa de las cosas que yo he hecho, porque he aprendido que no siempre tengo que hacer cosas por los demás y que es el momento de mi vida, donde empiezo a hacer cosas por mi. Evidentemente elegir mi carrera y estudiarla creo que es la única cosa que he decidido por mi, pero ahora me toca decidir si quiero estar con alguien o sola, el color de las cortinas de mi casa, donde quiero vivir, etc… Siento como si tuviera una llave maestra y pudiera abrir cualquier puerta, y eso me asusta un poco, pero gracias a la libertad en la que me nací y crié, creo que sabré usarla.

Hace días le pregunté a mi mamá: “Lily, tu cuando yo era niña, cuando me tuviste en tus brazos, me cuidabas y me veías crecer, ¿Pensaste que llegaría hasta donde lo he hecho ahora? y ella me respondió: “La verdad es que no, siempre deseé que fueras feliz y traté de hacerlo lo mejor posible. Ahora veo que hay cosas en las que me equivoqué, pero lo hice pensando en lo mejor para tu hermana y tú. Lo que sí supe, es que, cuando te veía lo inteligente que eras, cuando te enseñé a leer en la casa y todo se te hacía fácil de aprender (excepto las matemáticas, porque en eso saliste a mi jajajaja) y cuando obtenías tantos logros académicos, supe que iba a tener que dejarte ir lejos, porque lograrías muchas cosas y aún tengo esa certeza: Que quizá te vayas lejos, a otro país, viajes mucho, te cases con un gringo, un negro o un chino y tengas esos hijos adoptados que tanto quieres… Sé que tus sueños te llevarán lejos y precisamente por eso, tendré que dejarte volar, con el dolor de mi corazón”

Espero que el sueño que mi mamá tiene para mi (excepto el del matrimonio, al menos no por el momento jajajaja), pueda realizarse… Pero más que todo, espero poder lograr la felicidad.

Esto sí es abaut mi… 

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